¿Habéis experimentado la sensación de pisar la cima? Seguro que sí... y espero que más de una vez... (tanto si es metafóricamente como literalmente). Hace poco lo viví, nunca estuve tan alto: 3.718 metros...
No me puedo quejar, las condiciones eran buenas... el frío no era extremo, el camino bien marcado, ánimos no me faltaban... a pesar de que me faltase el aire y que el elemento S (nuestro querido amigo azufre) se obstinase en interponerse en nuestro camino.
Pero lo conseguí, y eso es lo que cuenta... y mis rodillas me respondieron (gracias a la ayuda de los magníficos bastones, benditos sean!)
Supongo que a estas alturas sabréis de qué cima os estoy hablando... el famosísimo Teide, la cumbre más elevada de España.
Ni siquiera tuvimos que pedir permiso para subir a la cima... si pasas la noche en el Refugio de Altavista (3.270 m) y antes de las 9 de la mañana estás de vuelta, no es necesario. Así que ya nos ves, a las 4.15 de la mañana, bostezando, perezosos, desayunar, abrigarse, coger el frontal y para arriba!
Valió la pena!



